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jueves, 17 de mayo de 2007
23 de Abril
23 de Abril... Sí, ha llegado el día. Se cumple un mes de tu espantada, y sin embargo, compruebas cómo al salir corriendo sin mirar atrás, a menudo no sabemos dónde nos llevará esa loca carrera.
A ti te ha traído hasta mí. Te ha traído a éste momento, a la hora de la verdad, un día aparentemente igual a otros que quedará sin embargo para siempre grabado en tu memoria. Mientras esperas, de pie ante la puerta, repasas mentalmente los acontecimientos.
Resulta increíble… 6 días. 6 días transcurrieron desde que supiste de mí hasta que saliste huyendo. Seis días, y después, la nada. Cuatro semanas escondida bajo tu vida anterior, intentando mirar a otro lado, intentando no recordar la forma en que te abriste a mí, lo que me entregaste de Ana y sus deseos más íntimos, el nudo en el estómago durante las horas de espera hasta volver a estar sentada ante tu pantalla, leyendo el mensaje que había estado esperándote.
¿Y ahora, qué va a ocurrirme? ¿Cómo será él? ¿Qué hará conmigo? Me llevará a su casa, entrará conmigo a algún café, a algún cine? ¿Me dejará aquí esperando durante horas para poner a prueba mi confianza o está aquí, cerca, observándome? ¿Vendrá? ¿Tocará por fin mi piel? ¿Tendré derecho a besar la suya?
Aún faltan diez minutos, y tras tus gafas de sol, ayudada por esa luz indefinida y brumosa de algunos días de primavera y tu propia agitación, segura de notar la vibración en el teléfono q agarras firmemente en tu mano, dentro del bolsillo, te dejas ir, soñando despierta; realidad y fantasía se hacen confusas: el tiempo, discontinuo.
“Busca un coche negro con matrícula FHV. Está muy cerca. Súbete en el asiento del conductor y sigue las instrucciones.”
Un escalofrío recorre tu cuerpo. Un escalofrío que no puedes achacar a la brisa, puesto que se ha seguido de un temblor incontrolable. Unas líneas breves, en un mensaje, con una firma inocente… “M”. ¡Cuántas cosas pueden ocultarse detrás de un nombre tan normal! Tu agenda no habla de tu Amo, de las largas horas de charla, de los pelos erizados en tu piel (recuerdas, salido de ningún sitio, que el músculo que eriza el pelo se llama “horripilador”… Suele ocurrir por el frío, y sin embargo… ¡Qué apropiado!), o de los nervios que te atenazan tan fuerte que acabas de darte cuenta de que no sabes los minutos que llevas pasmada mirando al móvil, pero notas la mirada divertida como un intento de flirteo de un hombre joven que espera también a la puerta, a pocos metros.

A medida que sigues avanzando el ángulo te permite ver mejor el coche. Te fijas en la carrocería, en los focos, te fijas en q no tiene antena de radio, en las llantas en Y, en la tapicería oscura de color gris azulado. Tus ojos huyen de la matrícula y tratas de ver algo en su interior. Está limpio, totalmente vacío, ni una pista para ojos extraños… No puedes retrasarlo más y compruebas lo cierto de tus temores… No llegas ni a ver los números: un coche negro, matrícula FHV… he llegado.
Te acercas a la puerta con dudas. Miras a un lado y otro, piensas divertida que parece que quisieras robarlo por la poca tranquilidad con la que tanteas la puerta. Pero se abre.
Sobre el asiento hay un papel blanco doblado. Lo recoges para sentarte y empiezas a jugar con él entre tus dedos mientras miras a todas partes esperando que pase algo. Tardas segundos en reaccionar… ¡El papel! Lo desdoblas, y de nuevo algo inocente te hace sacudirte. En un simple folio blanco, escritas a mano en tinta negra, unas pocas líneas de letra difícil de leer:
Es sencillo obedecer; más de lo que creías. Pero no estás preparada para los siguientes diez segundos. Has estado concentrada en ir dando un pasito cada vez, entre el miedo a continuar, y el miedo a decepcionarme, intentando mantener la mente puesta en tu siguiente acción. Ahora estás sola contigo misma, en silencio, en el calor acumulado en el coche, y piensas…
Llevas puesto algo tuyo y algo de tu Amo. Vas vestida a su gusto, estás donde y cuando él ha ordenado; es innegable, estás en su coche con las bragas bajadas y la respiración entrecortada, expuesta y entregada, esperando su próximo movimiento. La mera pregunta de si ya eres suya te arranca una sonrisa nada más aflorar a tu mente… Una sonrisa que disimulas en seguida… ¿Y si mi Amo me está viendo ahora mismo?
Como si te leyeran la mente, un ruido te interrumpe. El cierre centralizado se ha cerrado, las cuatro puertas están bloqueadas. Por un segundo te entra el pánico por estar encerrada en el coche, te sientas muy erguida en el asiento, incómoda; luego te das cuenta de que aunque no tienes ningún sitio a donde ir, si quisieras hacerlo, las puertas de un coche siempre se pueden abrir desde dentro. Oyes una carcajada cercana,- ¿o al menos eso parece? - y te encoges en el asiento, muy quieta, conteniendo la respiración. El cierre centralizado suena de nuevo….
La puerta del conductor se ha abierto, y sientes a alguien deslizarse por ella, sin decir nada. “¿Es posible que al fin él esté aquí? No puedo creerlo. No quiero creerlo. ¡Tengo que salir corriendo!”. Te agachas para subirte las braguitas y salir corriendo de allí (¡debería haberme quitado el antifaz primero!), pero notas una mano en tu muñeca y te quedas petrificada.
- “¡Eh, eh! ¡Tranquila! ¿Dónde ibas? Respira hondo, y cuenta hasta diez…”
Sientes un brazo pasar por detrás de tu cabeza, que te hace volver a recostarte con una caricia en tu cuello. Todo va demasiado rápido, y notas un aliento cálido en tu cuello, en tu mejilla, no notas nada más en el mundo, no piensas en nada más, y un pequeño y casto beso humedece tu mejilla, muy cerca ya del lóbulo de tu oreja.
- “¡Hola, gatita! Veo que ya estás muy preparada para mí; y que además has hecho lo que te ordené.”
¿No es eso redundante? ¿Qué es ese tono de voz? ¿A qué se refiere?
Con otro pequeño beso sientes el aliento alejarse de ti:
Súbitamente notas que uno de mis dedos se retira de tu coñito empapado y se entretiene un instante en el interior de tus muslos antes de abandonarlos, dejando en tu piel un rastro que te quema. Un completo desconocido se ha sentado a tu lado en un coche y ha acariciado tu interior sin ni siquiera haberte dicho ni hola. Se ha empapado la mano de tus flujos y tú no te habías dado cuenta…
Al mismo tiempo que oyes el motor arrancando, sientes que toda la sangre sube a tu rostro y enrojeces mientras te subes las braguitas de la forma más disimulada posible. Puedes sentir mi sonrisa a tu lado, aunque no sabes muy bien como, y q yo siento lo azorada y excitada que estás ante algo tan pequeño; y te sabes incapaz de decir nada.
Repasas mentalmente las instrucciones breves y concisas que has recibido, segura de no olvidar nada pero comprobándolo por enésima vez en tu cabeza, buscando en la repetición la solución al nudo que te pesa en el estómago.
“Llevarás una falda de color oscuro, y una blusa fina y blanca, sin sostén.” Fácil. Aunque obviamente el resultado es que tus pezones se hacen obvios a través de la tela haciéndote sonrojar, una conveniente brisa fresca te ha permitido ponerte una chaqueta por los hombros con la esperanza de no recibir una reprimenda por ello.
“Deberás traer contigo tus esposas de cuero, muy a mano en tu bolso” No las habías olvidado, no. De hecho una mano dentro del bolso acaricia su superficie mientras piensas…
“Vendrás con gafas de sol, y el pelo recogido. Zapatos planos, poco maquillaje, natural, y un color de labios muy suave. Tan sólo una gota de perfume, gatita, me gusta que huelas a champú, a jabón, a bautizo…"
“Llevarás una falda de color oscuro, y una blusa fina y blanca, sin sostén.” Fácil. Aunque obviamente el resultado es que tus pezones se hacen obvios a través de la tela haciéndote sonrojar, una conveniente brisa fresca te ha permitido ponerte una chaqueta por los hombros con la esperanza de no recibir una reprimenda por ello.
“Deberás traer contigo tus esposas de cuero, muy a mano en tu bolso” No las habías olvidado, no. De hecho una mano dentro del bolso acaricia su superficie mientras piensas…
“Vendrás con gafas de sol, y el pelo recogido. Zapatos planos, poco maquillaje, natural, y un color de labios muy suave. Tan sólo una gota de perfume, gatita, me gusta que huelas a champú, a jabón, a bautizo…"
Es fácil, pero… ¿qué pretenderá él? Eres consciente de tu cuerpo y de cómo sacarle el máximo partido. Te gustaría llevar tacones, dejar brillar tu melena. Querrías haberte arreglado más para sentirte más segura y confiada, para tomar de las miradas anónimas la fuerza necesaria para hacer algo que parece tan sencillo… Permanecer inmóvil, esperar, no huir de tus más hondos deseos… Parece tan sencillo… Y sin embargo, tu Amo te ha privado también de eso; sigues bella, lo eres, pero pareces más una niña, pareces más inocente, te sientes más expuesta… ¿Como alguien a quien le queda aún mucho por aprender? Sí… Quizá sea esa la respuesta.
“ Esperarás de pie frente a la puerta de entrada a la fnac en Parque Principado a recibir más instrucciones en tu teléfono móvil. A las 16h, en punto. ¡No olvides cargar las baterías, gatita!” ¿Olvidar las baterías? Has estado una hora buscando por los cajones el cargador de tu antiguo teléfono para traerlo también y evitar imprevistos. Baterías ok.
“ Esperarás de pie frente a la puerta de entrada a la fnac en Parque Principado a recibir más instrucciones en tu teléfono móvil. A las 16h, en punto. ¡No olvides cargar las baterías, gatita!” ¿Olvidar las baterías? Has estado una hora buscando por los cajones el cargador de tu antiguo teléfono para traerlo también y evitar imprevistos. Baterías ok.
¿Y ahora, qué va a ocurrirme? ¿Cómo será él? ¿Qué hará conmigo? Me llevará a su casa, entrará conmigo a algún café, a algún cine? ¿Me dejará aquí esperando durante horas para poner a prueba mi confianza o está aquí, cerca, observándome? ¿Vendrá? ¿Tocará por fin mi piel? ¿Tendré derecho a besar la suya?
Aún faltan diez minutos, y tras tus gafas de sol, ayudada por esa luz indefinida y brumosa de algunos días de primavera y tu propia agitación, segura de notar la vibración en el teléfono q agarras firmemente en tu mano, dentro del bolsillo, te dejas ir, soñando despierta; realidad y fantasía se hacen confusas: el tiempo, discontinuo.
“Busca un coche negro con matrícula FHV. Está muy cerca. Súbete en el asiento del conductor y sigue las instrucciones.”
Un escalofrío recorre tu cuerpo. Un escalofrío que no puedes achacar a la brisa, puesto que se ha seguido de un temblor incontrolable. Unas líneas breves, en un mensaje, con una firma inocente… “M”. ¡Cuántas cosas pueden ocultarse detrás de un nombre tan normal! Tu agenda no habla de tu Amo, de las largas horas de charla, de los pelos erizados en tu piel (recuerdas, salido de ningún sitio, que el músculo que eriza el pelo se llama “horripilador”… Suele ocurrir por el frío, y sin embargo… ¡Qué apropiado!), o de los nervios que te atenazan tan fuerte que acabas de darte cuenta de que no sabes los minutos que llevas pasmada mirando al móvil, pero notas la mirada divertida como un intento de flirteo de un hombre joven que espera también a la puerta, a pocos metros.
Al cruzar los ojos con él parece que va a avanzar un paso, a abrir la boca para soltar cualquier comentario insípido e intentar entablar conversación; eso te hace reaccionar y escapar de la incomodidad de tener q librarte de él amablemente, ¡sobre todo con la prisa que tienes!.
Comienzas a caminar hacia el aparcamiento sin mirar atrás, intentando respirar hondo, contar hasta diez. Casi rezando por que no haya ningún coche con matrícula FHV… Por desgracia hay sólo cuatro coches negros a la vista. Uno de ellos está al final de la columna, algo salido, ¿parece que incluso aparcado con prisa? No recuerdas haberlo visto al llegar, pero el coche está vacio y tampoco has visto a nadie bajarse de él. ¿Es posible que tu Amo haya pasado delante de tus narices y no lo hayas notado?
Comienzas a caminar hacia el aparcamiento sin mirar atrás, intentando respirar hondo, contar hasta diez. Casi rezando por que no haya ningún coche con matrícula FHV… Por desgracia hay sólo cuatro coches negros a la vista. Uno de ellos está al final de la columna, algo salido, ¿parece que incluso aparcado con prisa? No recuerdas haberlo visto al llegar, pero el coche está vacio y tampoco has visto a nadie bajarse de él. ¿Es posible que tu Amo haya pasado delante de tus narices y no lo hayas notado?

A medida que sigues avanzando el ángulo te permite ver mejor el coche. Te fijas en la carrocería, en los focos, te fijas en q no tiene antena de radio, en las llantas en Y, en la tapicería oscura de color gris azulado. Tus ojos huyen de la matrícula y tratas de ver algo en su interior. Está limpio, totalmente vacío, ni una pista para ojos extraños… No puedes retrasarlo más y compruebas lo cierto de tus temores… No llegas ni a ver los números: un coche negro, matrícula FHV… he llegado.
Te acercas a la puerta con dudas. Miras a un lado y otro, piensas divertida que parece que quisieras robarlo por la poca tranquilidad con la que tanteas la puerta. Pero se abre.
Sobre el asiento hay un papel blanco doblado. Lo recoges para sentarte y empiezas a jugar con él entre tus dedos mientras miras a todas partes esperando que pase algo. Tardas segundos en reaccionar… ¡El papel! Lo desdoblas, y de nuevo algo inocente te hace sacudirte. En un simple folio blanco, escritas a mano en tinta negra, unas pocas líneas de letra difícil de leer:
Bienvenida,
Es hora de prepararte para tu Amo. Ponte cómoda. En la guantera encontrarás un antifaz. Quiero que te bajes las braguitas hasta los tobillos cuando te inclines a buscarlo; a los tobillos, gatita, no he dicho que te las quites. Te pondrás el antifaz y las esposas de cuero, y esperarás mi llegada. Sé que la gente te verá con él, déjales que piensen o envidien lo que quieran. Son tus órdenes y basta.
No mires, gatita; no me hagas enfadar.
Es sencillo obedecer; más de lo que creías. Pero no estás preparada para los siguientes diez segundos. Has estado concentrada en ir dando un pasito cada vez, entre el miedo a continuar, y el miedo a decepcionarme, intentando mantener la mente puesta en tu siguiente acción. Ahora estás sola contigo misma, en silencio, en el calor acumulado en el coche, y piensas…
Llevas puesto algo tuyo y algo de tu Amo. Vas vestida a su gusto, estás donde y cuando él ha ordenado; es innegable, estás en su coche con las bragas bajadas y la respiración entrecortada, expuesta y entregada, esperando su próximo movimiento. La mera pregunta de si ya eres suya te arranca una sonrisa nada más aflorar a tu mente… Una sonrisa que disimulas en seguida… ¿Y si mi Amo me está viendo ahora mismo?
Como si te leyeran la mente, un ruido te interrumpe. El cierre centralizado se ha cerrado, las cuatro puertas están bloqueadas. Por un segundo te entra el pánico por estar encerrada en el coche, te sientas muy erguida en el asiento, incómoda; luego te das cuenta de que aunque no tienes ningún sitio a donde ir, si quisieras hacerlo, las puertas de un coche siempre se pueden abrir desde dentro. Oyes una carcajada cercana,- ¿o al menos eso parece? - y te encoges en el asiento, muy quieta, conteniendo la respiración. El cierre centralizado suena de nuevo….
La puerta del conductor se ha abierto, y sientes a alguien deslizarse por ella, sin decir nada. “¿Es posible que al fin él esté aquí? No puedo creerlo. No quiero creerlo. ¡Tengo que salir corriendo!”. Te agachas para subirte las braguitas y salir corriendo de allí (¡debería haberme quitado el antifaz primero!), pero notas una mano en tu muñeca y te quedas petrificada.
- “¡Eh, eh! ¡Tranquila! ¿Dónde ibas? Respira hondo, y cuenta hasta diez…”
Sientes un brazo pasar por detrás de tu cabeza, que te hace volver a recostarte con una caricia en tu cuello. Todo va demasiado rápido, y notas un aliento cálido en tu cuello, en tu mejilla, no notas nada más en el mundo, no piensas en nada más, y un pequeño y casto beso humedece tu mejilla, muy cerca ya del lóbulo de tu oreja.
- “¡Hola, gatita! Veo que ya estás muy preparada para mí; y que además has hecho lo que te ordené.”
¿No es eso redundante? ¿Qué es ese tono de voz? ¿A qué se refiere?
Con otro pequeño beso sientes el aliento alejarse de ti:
- “Ya puedes subirte las braguitas; ¡no pretenderás ponerme la tapicería perdida!”
Súbitamente notas que uno de mis dedos se retira de tu coñito empapado y se entretiene un instante en el interior de tus muslos antes de abandonarlos, dejando en tu piel un rastro que te quema. Un completo desconocido se ha sentado a tu lado en un coche y ha acariciado tu interior sin ni siquiera haberte dicho ni hola. Se ha empapado la mano de tus flujos y tú no te habías dado cuenta…
Al mismo tiempo que oyes el motor arrancando, sientes que toda la sangre sube a tu rostro y enrojeces mientras te subes las braguitas de la forma más disimulada posible. Puedes sentir mi sonrisa a tu lado, aunque no sabes muy bien como, y q yo siento lo azorada y excitada que estás ante algo tan pequeño; y te sabes incapaz de decir nada.
Sólo te queda la espera…
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